miércoles, 19 de diciembre de 2012

DESLIZ 


    La noche salpicada de gotas de rocío que perlan el farol en medio de la oscuridad, agonizan en vano intento por alcanzar la inmortalidad de un sepulcro infernal. El calor del farol, las desvanece y otras más vuelven a cubrir el frío metal, más frió que la muerte. 
     La muerte perla la noche, en su eterno intento por alcanzar lo que siempre ha sido suyo.
     El suelo empedrado, cubierto por una lluvia que se niega a perecer en medio de la nada, se vuelve vivo con la luz mortecina de la lámpara de queroseno.
    Las paredes húmedas, languidecen ante la belleza del rocío nocturno, pero todo ello, se contempla perfecto para expirar un último aliento de vida. Suspiros que se pierden en la lejanía del olvido y la ignorancia. Del miedo mismo. De la soledad perenne.